17 de marzo de 2010
¡Increíble!
Me encontraba con mi hija en un área de juegos de esos que hay en los centros comerciales, ella tiene apenas 17 meses y ahora encuentra ya los personajes que ella ve en televisión muy llamativos, tan es así que tenía una muñeca con la que pasaba jugando seguido, tanto que no podía salir de casa sin ésta. Total, estábamos en este lugar entre las resbaladillas y los demás niños, corriendo, riendo, divirtiéndonos a lo grande, papá e hija. Pasaron los minutos, por lo que decidí sacar de la mochila en que guardo sus cosas cuando salimos la muñeca que adoraba mi hija, en cuanto se la doy se acercaron dos niñitas muy lindas también para jugar con la muñeca de mi hija. Yo tengo entendido que en esas áreas infantiles los niños se prestan los juguetes, los niños se divierten, mientras los papás cuidan de sus hijos, así lo creía y así lo sigo creyendo, ¿por que escribo esto último?, por la razón de que le robaron la muñequita a mi hija, lo peor de la situación es que la niña que le llevó para mostrar la muñeca a su mamá no tuvo la culpa; culpo a la madre que aprovechó un descuido mío para llevarse el juguete, no quisiera herir susceptibilidades al señalar la verdad, esta es la primer experiencia del mundo real para mi hija, un robo. No es el valor del juguete lo que pesa en esta situación, lo lamentable es que no existía la necesidad de robar, pero tuve que ver la carita de mi hija cuando preguntaba por su muñeca y no podía entregársela. No quiero parecer materialista, eso es una banalidad innecesaria en el hombre, pero esa monita me costó parte de mi trabajo y para una amante de lo ajeno fue sencillo llevársela porque así le apeteció. Eso no es justo, cuando justicia es dar a cada quien lo que corresponde. Pero como todo ante la vida, uno NO debe permitir que el entorno lo cambie, UNO debe cambiar a su entorno.
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