Adiós capital mexicana, me voy de acá con rumbo fijo, no me despido pues la partida ha sido veloz y apresurada, de tal manera que ante lo evidente no cabe emotividad que valga la pena debido a la puntualidad con que me voy, esto aclaro, en la ciudad que gustosa tomó un lustro de mi vida.
Recuerdo ayer como llegué a conocerte, cuantos lugares me presentaste, los recorridos, tu oferta cultural, como fuimos testigos de tantos eventos, conocimos mucho y aún quedaron pendientes que saldar.
Gracias a tí puedo decir haber crecido, madurado, ahumentado a ritmo acelerado el desarrollo de mis cinco sentidos desproporcionadamente, pude dar apertura a una mentalidad mundana de mucha conciencia.
Entonces mi despedida es vana en cuanto a mi partida, pero recuerda que te llevo en cuanto soy completamente a la par de mi integridad. Gracias de todo corazón y hasta pronto.

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